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APEGO EN LA INFANCIA Y RELACCIONES AFECTIVAS

Cuando nacemos nuestro sistema nervioso es inmaduro y necesitamos ciertos cuidados físicos por parte de nuestros cuidadores para poder sobrevivir. Necesitamos dormir, alimentarnos, respirar, protección frente al frío y el calor, todo ello es necesario para nuestra supervivencia.

Es según Bowlby, la necesidad de afecto y protección tan necesaria como el cuidado físico y la comida. Con este autor nace la teoría del apego para explicar las relaciones de apego que establecemos los seres humanos, especialmente con nuestros cuidadores. Con ellos establecemos unos lazos emocionales que son necesarios para un desarrollo psicológico saludable.

Este afecto es construido a través de una serie de etapas, que se desarrolla durante los tres primeros años de vida. Los adultos muestran diferentes patrones de relación afectiva, y todos ellos tienen consecuencias en el desarrollo psicológico del niño.

Dichos patrones son los siguientes:

1-Apego seguro. Los niños que han recibido un apego seguro han aprendido que sus cuidadores responderán a sus demandas de ayuda y protección. Éstos niños generan una imagen de sí mismos como eficaces, han aprendido a reconocer y gestionar sus emociones, lo que les proporciona una capacidad de enfrentarse a las adversidades, y su nivel de estrés e inseguridad son menores.

2-Apego inseguro evitativo. La figura de apego se comporta de manera insensible ante las demandas de protección del niño, bien con cierta hostilidad o indiferencia hacia éste. Con ello el niño aprende a inhibir las demandas de protección y a reprimir sus emociones de malestar. En el niño se genera la emoción de no necesitar afecto y evita y reprime sus sentimientos de necesidad emocional. El sentimiento que tiene es el de vulnerabilidad y necesidad de defenderse.

3- Apego inseguro ambivalente. La figura de apego ha tenido un patrón de respuesta impredecible ante las llamadas de protección del niño. Éstos niños se muestran hipervigilantes, tienen una percepción amenazante de todo y presentan una alta activación emocional. Como resultado de ello presentan una incapacidad para racionalizar y gestionar el miedo o la incertidumbre, y afrontar retos, ya que son percibidos como inadecuados.

4- Apego desorganizado. La figura de apego se muestra amenazante y ambivalente, hostil, insegura y atemorizada ante las llamadas de afecto y cuidado del niño. Éstos niños se muestran asustados y sus  comportamientos son incoherentes, ya que han interiorizado la indefensión y el miedo. Éste tipo de apego es el que tiene mayores correlaciones con alteraciones psicológicas.

El resultado de dicha interacción afectiva, será la guía para interpretar el mundo social y afectivo. Así se generará un modelo de interacción social y afectiva, el cual se generalizará y se aplicará automáticamente a las posteriores relaciones afectivas, es decir, se habrán creado las bases sobre las que se asiente el establecimiento de posteriores relaciones con los demás.

Se sugiere que en los casos en los que los niños desarrollan representaciones negativas de sí mismos y de los otros, tienden a ser más vulnerables a la psicopatología, ya que éstos modelos afectan a la experiencia y al comportamiento, y por ende al autoconcepto, autoestima y relaciones personales. Son varios los estudios que han destacado la influencia de las experiencias tempranas en el desarrollo de problemas psicológicos en la vida adulta.